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Marzo 9, 2010

MI satisfacción y bienestar? Aquí los tengo

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Esta semana he estado sola en mi casa por la primera vez después de muchos años.

Qué les puedo decir? La verdad? Me siento medio vacía o mejor vacía y media. Y aunque muy yogi, lo debo admitir.

Siempre pensé en lo maravilloso que sería tener tiempo en cualquier momento para ir al cine o ducharme sin mucha prisa. Despertarme despacio sin tener que preparar almuerzos y desayunos y salir volando como una loca al colegio dejando platos sucios por toda la cocina. Poder tomarme el tiempo para calcular mis movimientos y mis quehaceres a conciencia como lo hacemos en cada pose de yoga, sin echar las llaves del carro a la basura o poner el teléfono en el refrigerador. Y eso que en estos últimos años he tratado de vivir en el tiempo presente, poniendo más atención y elevándome menos pero hay ciertos hábitos difíciles de romper.

Lo primero que pensé cuando se fueron mis hijos y mi esposo a pasear por una semana  fue  “zzzzz…” y luego, claro, también trabajar, a eso me quedé. Y si que he trabajado pero de “zzzzz” nada. No porque me haya ido de rumba como cuando tuve 21, si hubiera estado en Colombia tal vez, pero por aquí la cosa es distinta. No pude dormir porque no pude dormir. Me atacó el insomnio de la ausencia.

Somos seres de necesidad y de costumbre. Necesitamos de otros para vivir, cierto? Y la costumbre esta llena de hábitos, pedazos que van  armando nuestra existencia.

El estar sola esta semana ha sido una oportunidad para saludarme de nuevo no solo cuando me siento a meditar sino en todos los pasos de mis días. Bastante asustador al principio el tener las riendas , estar sola en el caballo y poder irme a cabalgar por donde quiera. Un encuentro bonito e interesante pero también triste.

Me hace falta el ruido, las risas, el llanto, las peleas de mis chiquitines. Me hace falta el café en la mañana hecho con amor  para  mí. Me hace falta el afán y la necesidad de hacer cosas por los demás. Quiero que me digan ochentamil veces mamá, y tal vez la próxima vez que me lo digan, no voltearé mis ojos con impaciencia sino que me tiraré en el piso a que mis hijos me agarren a cosquillas porque no tendré nada más importante que hacer. Ese es y será el mayor gozo de mi vida.

Sin embargo, el yoga nos entrena poco a poco a encontrar el balance en la vida. Al practicar de manera constante empezamos a obtener las herramientas que nos ayudan  a estar contentos cuando tenemos y también cuando no tenemos las cosas del mundo externo que nos hacen felices y nos llenan la vida, esto incluye las personas a quienes amamos.

La vida afuera de nosotros estará siempre fluctuando, el cambio será constante. Hoy tendremos un excelente trabajo que nos gusta, puede ser que mañana esto cambie. De esto entonces no puede depender nuestro bienestar porque si es así, viviremos como veletas a  la deriva de un destino incierto.

La ausencia de mi familia me hizo extrañar mi cotidianidad y me ayudó a apreciar más mi entorno así como es, empujándome a vivir intensamente en el presente que es lo único real que tengo. Esta ausencia me hizo también entender lo difícil que es encontrar el balance y el bienestar cuando aquello que me rodea desaparece. Ahora con más ganas quiero aprender a encontrar esa felicidad profunda dentro de mí,  esa  compañía  clara de la que muchos hablan que estará conmigo siempre pase lo que pase.