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Enero 14, 2010

De Pensar a Hacer

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Desde hace tiempo me rondaba la idea en la cabeza de trabajar en un proyecto de yoga en español para poder empezar a compartir lo que se y sigo infinitamente aprendiendo con el mundo.

Mi tendencia siempre ha sido aquella de tener ideas,según mi propia percepción brillantes y tal vez bajo la percepción de otros, eufóricas, especialmente después de tomarme un café, pero ideas que se quedan  bailando en el jardín de mi mente hasta perderse como pajaritos detrás de las nubes del olvido.

El año pasado, gracias al interés de mi compañero de vida en esta idea en particular, el proceso de convertir una idea en algo real se empezó a hacer más tangible. Las conversaciones constantes, ya no conmigo misma sino con alguien fuera de mi, alguien con la capacidad de discernir los pasos a seguir para hacer de algo un acontecimiento, empezaban a dejar ver un camino más claro.

Sin embargo las conversaciones continuas, el deseo constante, todo excitante y maravilloso no estaban siendo suficientes para que pudiéramos empezar a “hacer”.

En Mayo tuvimos la suerte de atender a una conferencia en la que algunos profesionales de diferentes ramas compartían con el público asistente los secretos de sus logros. Todos hablaron de cosas interesantes pero lo que más me llamó la atención a mí fue la frase “Hay que ponerse una fecha, una fecha en la que el proyecto, cualquiera que sea, deba estar terminado”. Mis ojos se prendieron como la cola de una luciérnaga!

Teníamos que ponernos una fecha, un lugar en el tiempo que inmediatamente se convierte en un lugar en el espacio hacia el cual caminar.

Y así fue. Encontramos nuestra fecha y desde ahí empezamos visualmente a caminar en reversa hasta llegar al punto de inicio. Esto nos hizo armar un plan de lo que tendríamos que hacer cada semana para llegar a la meta. Las probabilidades en la mayoría de los casos de terminar justo a tiempo, pueden ser pocas, pero no importa, lo importante es que pudimos comenzar.

Que maravilla, por fin! Dejar de solo pensar para empezar a hacer. Hacer es lo que nos permite compartir nuestros dones y nuestra belleza interior con el mundo. Todos tenemos un regalo, un talento que compartir. Todos tenemos algo que ofrecer. El hacer hace que entremos en conexión con el mundo, el hacer hace que nos conozcamos a nosotros mismos de una manera espontánea y enriquecedora.

El trabajar en este proyecto ha sido un aprendizaje divertido y profundo. La dicha de disfrutar el proceso, cada paso; así  como en yoga, cada pose.  Y aunque el proceso sigue, ya sabemos cómo se siente trabajar en algo y ver los frutos de nuestras ideas que ya no son solo nuestras, son del mundo.